José Miguel Fayos Jordán

24 Mayo 2004

Música para Banda
-Para 70 Músicos
-Duración: 20 min.

La Cumbre de Masada


20 min.


La Cumbre de Masada

Sinfonía nº 1 para Banda

(2003)

OBRA GANADORA DEL II CONCURSO DE COMPOSICIÓN SINFÓNICA PARA BANDA DE MÚSICA “CIUDAD DE TORREVIEJA” 2004

Dedicada al maestro José R. Pascual-Vilaplana

Historia de Masada

Masada es una montaña situada en Israel a unos 100 Km al sur de Jerusalén. Posee una cima plana y unas laderas muy escarpadas que la convierten en una montaña prácticamente inaccesible. Este enclave fue fortificado a lo largo de la historia por varios reyes, sacerdotes y emperadores, hasta llegar a Herodes “el Grande” que convirtió la cumbre de Masada en una fortaleza inexpugnable. En esta montaña, tuvo lugar uno de los acontecimientos mas dramáticos y simbólicos de la historia de Israel, el cual fue recogido por el historiador Flavio Josefo.

En el año 66 de nuestra Era, el pueblo judío volvió a levantarse en armas contra el Imperio romano. Esta guerra se prolongó cuatro años hasta que, en el año 70, el general romano Tito venció a sus enemigos y destruyó Jerusalén, sin embargo un valeroso grupo de israelitas se refugió en la cumbre de Masada resistiendo la invasión y hostigando a los romanos desde este enclave, lucharon por su libertad.

En el año 72, el gobernador romano Flavio Silva decidió acabar con este foco de resistencia dirigiéndose a Masada con cerca de 15000 hombres. El general romano mandó construir ocho campamentos alrededor de la montaña, así como una muralla que circunvalase Masada con el fin de evitar cualquier intento de fuga. Debido a la orografía de la montaña con sus escarpados acantilados, los romanos llevaron a cabo una obra faraónica en la cara occidental de la montaña; construyeron una rampa a base de piedras y tierra blanca prensada desde la base hasta la cima de la montaña. En el extremo de la rampa (que todavía se conserva) se levantó una torre de ataque provista de un gran ariete que fue utilizado para abrir una brecha en la muralla.

La noche previa a la definitiva conquista de Masada por las legiones romanas, los 960 zelotes que integraban la resistencia judía tomaron una heroica decisión. En un discurso memorable (relatado por el historiador Flavio Josefo), el jefe de los revolucionarios judíos, Eleazar Ben Yair, decidió que “una muerte con gloria era preferible a una vida con infamia, y que la resolución más generosa era rechazar la idea de sobrevivir a la pérdida de su libertad”. Para esto, se eligieron a diez valientes guerreros encargados de dar muerte a los 960 ya que así, la compasión que podía suscitar este acto entre personas de una misma familia, se vería reducida.

Según escribe el historiador F. Josefo “Cuando los romanos llegaron a la cima, a la mañana siguiente, no encontraron mas que silencio…”, “y así encontraron los romanos a la multitud de muertos, pero no pudieron alegrarse de ello, aunque se tratara de sus enemigos. Ni tampoco pudieron hacer otra cosa que admirarse de su valor y resolución…”. Solo dos mujeres y cinco niños se salvaron del suicidio colectivo, escondiéndose en una cueva. Fueron ellos quienes relataron los hechos a los romanos.

Masada es desde entonces todo un símbolo para el pueblo de Israel. Un monumento al heroísmo y a la gente que prefiere la muerte a la falta de honor y libertad. Esta heroica resistencia de Eleazar Ben Yair y de sus zelotes hizo exclamar a un poeta judío: “¡Masada no volverá a ser conquistada!”.

Comentario de la obra

 La obra, enteramente programática, está inspirada en la historia de Masada. El hilo conductor de toda la historia será la utilización de varios leitmotiv asignados a situaciones, personajes, etc. De esta forma, encontramos un leitmotiv para las Legiones romanas, otro para la batalla de Masada, otro que representa la desolación de los judíos tras la destrucción de Jerusalén y las murallas de Masada y un pequeño tema que aparece disimulado durante toda la obra, pero que aparece con toda su fuerza en el último movimiento simbolizando la voz de un pueblo, que ha sido callada por la opresión de un Imperio pero que gracias a un acto tan valeroso, ha prevalecido con toda su plenitud a lo largo de la historia. También aparecen citas de música popular judía como el famoso himno “Yeroushalaim Chel Zahav” y de la secuencia gregoriana “Dies Irae”. También aparecen palabras en hebreo como el nombre Eleazar o Yeroushalaim (nombre en hebreo de Jerusalén), y textos en latín creando una mixtura de las dos culturas enfrentadas en esta historia.

1. Destrucción de Jerusalén

Aparece un clima de tensión, la ciudad Santa presiente el inminente ataque de las legiones romanas, las trompas y trompetas avisan de la proximidad del enemigo.

Los tambores se escuchan a lo lejos, va a comenzar el ataque, un leitmotiv en los trombones, que aparecerá durante toda la obra, representa el avance de las legiones romanas. Se alternan con las entradas de las maderas simbolizando la histeria y el terror que provocan las tropas de Tito.

Poco a poco se van acercando las tropas hasta que por fin, comienza la batalla en la Ciudad Santa. Después de la batalla llega el fatal desenlace, la destrucción de Jerusalén y del Templo.

La tristeza y desolación son lo único que queda en la Ciudad, se escucha en la flauta una cita del himno judío “Yeroushalaim Chel Zahav”, sin embargo, al final, queda todavía un rayo de esperanza en los judíos refugiados en Masada.

2. El Asedio

La percusión crea una atmósfera de tensa calma previa a la batalla, las trompas (imitando al “shofar” judío) y las trompetas resuenan en los distintos puntos de las murallas de Masada avisando del ataque enemigo a la fortaleza. El Ariete (tuba) avanza por la rampa para destruir las murallas y con él, miles de legionarios romanos. De nuevo aparece el leitmotiv y de esta forma, empieza el asedio a la cumbre de Masada.

En base a un mismo tema que representa la batalla, se observan las distintas fases por las que fluye el ataque y los distintos frentes en los que se desarrolla la lucha.

Los últimos compases describen a un pueblo sumido en la desesperación y el caos, que ya presiente su terrible final.

3. Inmolación

Los judíos de Masada toman conciencia de que su final ha llegado, solo falta decidir si caerán o no prisioneros de los romanos. El general Elezar Ben Fair, decide que el suicidio es la mejor salida, en este momento, el dolor se adueña de las gentes de Masada similar al que sintieron al ver el Templo destruido (aparece el mismo tema que en el primer movimiento).

Empieza la inmolación colectiva, los glissandos y “clusters” simbolizan los gritos, lamentos y lágrimas de la gente ante este espectáculo tan terrorífico.

Cuando los romanos acceden al interior de la fortaleza el paisaje es desolador, solo pueden admirarse del valor de sus enemigos. En este momento aparece la secuencia gregoriana “Dies Irae Dies Illa” (Día de ira, día de furia) a modo de Réquiem por las victimas de Masada.

4. Epílogo: El espíritu de Masada

Tras este episodio de consecuencias dramáticas hay un trasfondo de lucha  por la libertad que ha llevado estos hechos a pasar a la historia y a ser un símbolo para un pueblo. Esto llevó a un poeta judío a exclamar; “¡Masada no volverá a ser conquistada!”.

 

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